“Quiero vivir el resto de la vida navegando”.

Aurora Canessa es la primer navegante argentina que consiguió cruzar el Océano Atlántico en solitario y en una embarcación a vela.

La idea surgió cuando, después de atravesar una situación crítica, Aurora se preguntó: “¿Cómo querés vivir el resto de tu vida?” Y la respuesta que se dio fue: “Quiero vivir el resto de la vida navegando”.

Aurora Canessa

Aurora Canessa

Así fue como a sus 40 años, emprendió un camino de aprendizaje en un mundo donde predominan los hombres.

Quizás suene una locura para muchos, pero 20 años después, luego de haberse capacitado en áreas tan diversas como navegación, mecánica, meteorología, y hasta meditación, emprendió su viaje con el último suspiro económico que pudo: vender su hogar.

Partió en 2010 desde Buenos Aires con 67 años, fueron 6.500 kilómetros que recorrió en la más absoluta soledad.

La odisea, pudo haberle costarle la vida, pero terminó transformándola; tuvo que atravesar fuertes tormentas y escuchar las olas que azotaban a la embarcación como latigazos, Aurora reflexiona: “No hay barcos grandes para el océano, todos los barcos son pequeños y los seres humanos mucho más”,Aprendí mucho sobre el valor de la amistad y la hermandad del mar.”

Además los navegantes solitarios no pueden dormirse, al menos no como cualquiera, durante horas y profundamente, sólo pueden dormir de a ratos, unos veinte minutos.

Ella no le teme al esfuerzo físico, asegura que ese flanco lo tiene cubierto. En un viaje así, asegura, lo que puede fallar es lo emocional. Por eso medita todas las mañanas, durante una hora. Y hace Reiki.

Casi vencida por las dificultades, cansada y golpeada en medio del viaje, estuvo a punto de abandonar la travesía. Pero cuatro amigos, conectados a sus computadoras decidieron ayudarla para poder continuar, monitoreando por satélite, veían programas de meteorología para advertir los vientos.

Con temple de acero, mucha meditación y varios golpes, esta mujer de 67 años logró cumplir su sueño de cruzar el Océano Atlántico, durmió de a ratos, con un colchón que tiró en el piso, y en el que también meditó, pensó, respiró. Leyó mucho. Se llenó de moretones por las olas que sacudían su velero, repleto de bidones. Tiene, y muestra con cierto orgullo, fotos de barcos que se le venían encima. Pero llegó.

Su página web: http://www.shippingsrl.com/frame_deporte.htm

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